Me costó mucho tiempo darme cuenta que los paisajes que mas me gustan y cautivan son los tienen glaciares, montañas y mar. Soy un aficionado a la montaña desde hace 30 años y además de patearla también me ha gustado mucho leer sobre ella, así­ que eso me ayudo a imaginar viajes, expediciones y ascensiones.

La Antártida es un lugar soñado para cualquier amante de la naturaleza en estado puro, pero claro es bastante más complicado ir que a cualquier otro lugar del mundo. De una forma lógica fui cubriendo etapas montañeras y conociendo otros lugares más cercanos o más fáciles en cuanto a la organización del viaje se refiere. Pasé por Pirineos, Alpes, Himalayas, Kilimanjaro, Rocosas, Groenlandia, Islandia hasta darme cuenta que lo paisajes más fascinantes que había visto eran los glaciares de Groenlandia vertiendo sus seracs sobre un mar plagado de icebergs. El silencio que lo envuelve todo, la ausencia de lugares habitados y la soledad que se respira. Con estas premisas estaba claro el lugar ideal era La Antártida.

En febrero del 2016 conseguí plaza para embarcarme en un antiguo rompehielos ruso, un barco científico reconvertido para poder transportar a unos cuantos turistas locos en busca de un sueño. Voy a saltarme todo el proceso de búsqueda de la mejor alternativa de viaje, solución de problemas burocráticos, personales, familiares y laborales para ir al grano del viaje. Esto daría para otro capítulo.

ANTONIO MÁRQUEZ EN ZODIAC POR LAS PLAYAS DE LA ANTÁRTIDA

Tras embarcarme en Ushuaia quedaban por delante 3 días de navegación primero por el canal de Beagle y luego por el temido paso de Drake, considerado por muchos uno de los peores lugares del mundo para navegar. Y tienen razón. Como no me suelo marear  pensaba que no tendría problemas, pero al ver a la tripulación del barco con parches de Biodramina detrás de la oreja comprendí­ que esto iba en serio.

Tras pasar 3 días como en una lavadora en la que veces lees, te mareas, comes, te mareas, duermes, te mareas, ves una ballena mareada, dormitas de repente el mar se calma, se retiran las nubes y puedes ver el paisaje helado, plagado de icebergs gigantes, deshabitado, silencioso, con glaciares que vierten hasta el mismo mar que habías soñado. Me esperaba una semana en la península antártica haciendo distintas actividades.

El viaje consistía en ver todo lo posible haciendo kayac, alpinismo y raquetas  en función de las condiciones que nos fuéramos encontrando. También daríamos algún paseo para ver focas, pinguinos y hacer fotos. Todo menos buceo, que no me dejaron por no tener experiencia en  inmersiones aguas heladas. El mediterráneo no les servía.

ANTONIO MÁRQUEZ EN LA ANTÁRTIDA

Dedicamos 2 días a recorrer con el kayac distintas bahías, plagadas de icebergs en busca de unas ballenas que no vimos. Pero aun así la experiencia fue brutal. Cada vez que un iceberg se daba la vuelta sobre sí mismo o se resquebrajaba nos ponían en alerta y nos recordaba donde estábamos jugando. Caerse estaba prohibido.

Nos juntamos con una cordada de austriacos y pudimos subir un monte, nosotros con crampones y ellos con esquís de travesía. Coronar nuestro pequeño monte en la Antártida fue emocionante. Tengo como reto personal subir una montaña en cada continente, aunque no sea ni las alta ni la más difícil.

Otro día intentado otro monte tuvimos que desistir por el estado del hielo y la gran cantidad de grietas que tenía el glaciar, lo que hacía muy peligroso el avance. De hecho uno de los austriacos tuvo un percance al romperse un puente de nieve y hubo que rescatarlo.

La Antártida es de una naturaleza tan pura y tan salvaje que es agresiva y peligrosa desde el mismo momento del desembarque en la misma orilla. Hacíamos los desembarcos en zodiak y en la misma orilla había que equiparse con arneses, cuerdas y crampones para evitar problemas.

Como el tiempo fue especialmente cálido, no bajo de -15 pudimos pasar 2 noches vivaqueando al aire libre, es decir, dormir sin tienda sobre el hielo de la Antártida fue una experiencia irrepetible.

Una gran aventura que pude completar en parte gracias a los amigos de Mundo Explora que me ayudaron en la organización.